La Caleta de Famara es hoy en día uno de los pueblos con más encanto de Lanzarote. Los amantes del surf, de la naturaleza y la tranquilidad destacan que Famara tiene algo que engancha. Y nosotros hemos sido testigos de la magia de este lugar, de su playa, de su pueblo y de su imponente risco.

Hoy queremos irnos muchos años atrás y contarte cómo era este pequeño pueblo ubicado a las faldas del risco de Famara. En el siglo XV existían en la zona pozos y pequeños manantiales de agua. Esto propició que los franciscanos que habían llegado con Juan Bethencourt en 1402, fundaran un oratorio en esta zona. En esta zona construyeron la ermita de Nuestra Señora de las Mercedes, y permanecieron allí alrededor de 30 años, viviendo de las limosnas, la agricultura y la pesca.

Más tarde, en los escritos de Fernando Torriani aparecía Famara como un lugar donde existían varios pozos de agua salobre. Y en el inventario que se realizó en 1560 se registraron los pozos de agua del Chafariz y las fuentes de Famara. En torno a 1783 la Caleta ya es conocida como uno de los lugares de donde se extrae gran cantidad de pescado.

Allí se encontraban unos almacenes de piedra seca en los que se guardaban los barcos que eran utilizados en los períodos de pesca. En 1850 se tiene constancia de que los habitantes de esta zona eran: en La Poceta diez habitantes, Famara seis y la Caleta estaba deshabitada.

Sería sobre 1865 cuando don Gregorio Tavío, natural de Soo, construyó con piedra y barro un almacén en la Caleta de Famara, donde venía a pescar desde hacía muchos años. Esta fue la primera construcción del lugar, porque hasta la fecha sólo existían pequeños almacenes de piedra seca.

Pronto comenzaron a llegar a la Caleta familias procedentes de la Graciosa y la playa se empieza a poner de moda en verano y es visitada por varios vecinos de Teguise. La cal que se producía en las caletas de Famara se empleó para la construcción de viviendas y para edificar la ermita del Sagrado Corazón de María. En 1909 se reunieron gran cantidad de visitantes para celebrar las fiestas patronales; y la Caleta ya contaba con tres edificios, veinticuatro almacenes y veinticinco habitantes.

De la tranquilidad y la majestuosidad del risco y del pueblo disfrutó durante años el artista lanzaroteño César Manrique. Para él este lugar era único y fue fuente de inspiración.

También La Caleta ha sido partícipe de multitud de estampas familiares de prácticamente todas las familias de la isla. Un lugar de reunión, de disfrute y un símbolo de la isla que hoy en día sigue manteniendo su esencia de pueblo marinero.

Cada año, a finales de Agosto, la Caleta de Famara acoge a multitud de personas para celebrar las fiesta de su patrona. En esos días se mezclan actos religiosos, deportivos, lúdicos, pero, sobre todo, las ganas de pasarlo bien y de despedir el verano de la mejor manera posible… en la Caleta de Famara.

 

Fotos:
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