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En el pueblo de Tías en Lanzarote pasó la mayor parte de sus últimos años de vida el Premio Nobel de Literatura José Saramago.

Él mismo definía su casa como “Una casa hecha de libros”. Convertida ahora en museo, nos permite visitar el estudio donde se escribió ‘Ensayo sobre la ceguera’ o los ‘Cuadernos de Lanzarote’. Además podemos ver su biblioteca, su colección de discos, su mesa de trabajo, sus recuerdos y las vistas que contemplaba desde su jardín.

Cuando las cosas se pusieron feas en Portugal, José Saramago decidió trasladarse a las islas, eligiendo Lanzarote para pasar los últimos 18 años de su vida. En la isla ya vivían familiares suyos por lo que no se encontró sólo en ningún momento.

Una vez instalado se dedicó a recorrer la isla de arriba a abajo, paseando por sus valles y volcanes, disfrutando de los amaneceres y atardeceres junto al mar, dejándose seducir por esa luz tan “mágica” que rodea a Lanzarote. La belleza de la isla lo inspiró y en sus Cuadernos de Lanzarote describió lo que tanto le había cautivado.

Su casa es hoy lugar de visita obligado por todos aquellos amantes de las letras y de Saramago. Una vez entramos nos recibe un olivo en la zona del Edificio de la Biblioteca. Fue el propio escritor quien lo trajo en una maceta pequeña y entre sus piernas en un vuelo desde Portugal. Un símbolo del recuerdo de su infancia en su país, creciendo en la lejana tierra volcánica en la que desembarcó en 1993.

 

Entrar en la casa es entrar en el refugio del escritor. Aquí fue donde poco a poco fue escribiendo “Ensayo sobre la ceguera”. En cada paso que das en la casa te vas colando en la vida cotidiana del escritor y su esposa.

Los relojes de la casa se encuentran todos parados a las 4 de la tarde, hora en la que el escritor conoció a su mujer. Sus libros favoritos salpican las estancias de la casa, las pinturas que más le gustaban cuelgan de las paredes del recinto y varias figuras de caballos dan muestra de la debilidad que sentía por esos animales.

La cocina huele a café, al café de bienvenida para todos aquellos que se acercan hasta allí para conocer un poco más al escritor. Desde el patio se pueden apreciar las vistas que tantas veces lo inspiraron a escribir y que hoy siguen siendo espectaculares. Pero quizás el lugar que más emoción despierta en el visitante es la biblioteca, un lugar en el que se siente y se papal la genialidad del escritor.

Su mujer es quién hoy cuida de su legado, de su casa, de sus obras… Quién mantiene intacto su dormitorio, en el que murió tranquilamente el 18 de junio de 2010.

Aunque Saramago no nació en Lanzarote, sintió la isla como propia y así lo demostró en su tan conocida frase:

«Lanzarote no es mi tierra, pero es tierra mía».

 

 

Fotos:

  • cadenaser.com
  • turismolanzarote.es
  • visitarcanarias.com
  • expresso.pt

 

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